lunes, 16 de junio de 2014

JULIA ENTRE LA MAR Y EL VIENTO

No cabe duda de que la muerte pone patas arriba los esquemas que con tanto empeño nos hemos trazado en la vida, y que aunque es una situación esperada y segura, nunca estamos preparados para recibir la noticia de que ha envuelto con sus alas negras y vetustas a alguien cercano que desprendía la alegría de estar vivo, de sentirse vivo. Cuando la parca toca en la puerta conocida, nuestros sentidos se relentizan y no podemos entender.  Entramos en una especie de sopor que nos hace dudar ante la terrible situación.
En este breve espacio que se me concede para hablar de Julia Guerra voy a intentar desgranar y profundizar en los poemarios “AL VIENTO”  y “DOS ORILLAS”, que aunque median entre  sí unos nueve años, yo los veo entrelazados en cuanto al sentir de la poeta.
Estamos claramente ante poesía de la experiencia, que nos sobrecoge y nos emociona.
Julia muestra al viento su dolor por la muerte de personas allegadas, aunque de manera especial la de un amigo, compañero, un ser especial con el que compartió situaciones grandiosas, banales, inolvidables o superfluas…Todo eso que suelen ser los momentos de la vida, con sus luces y sus sombras.
 
Al principio la sorpresa y la negativa a ver la realidad queda patente en su poema RIP donde dice: “…me agreden inmensas letra negras/ odiosas letras negras/riéndose de mi incredulidad…”
 
Después viene la desesperación y la tristeza.  Es cierto. No hay vuelta atrás. Kepa se fue irremediablemente. Ya todo carece de sentido y así lo expresa en en su poema NECROLÓGICAS  que termina de este modo: “..Y tu cuenta incrementa las bajas de cliente rentable. /En tu saldo una estúpida nota/ 21 de mayo./ Fallecido.
Luego llegan las lamentaciones y las incertidumbres, las preguntas sin respuesta. Los deseos ocultos… el adiós. En el último verso de AGUR ella dice: “Me rompo porque te necesito/ y no me has dado/ ni siquiera/ese/último/beso”.
En este punto la soledad araña sus recovecos más íntimos, y una sensación de vacío la inunda. Aunque la poeta es consciente del destino de las personas no quiere o no puede aceptar los hechos. Por eso intenta mantener vivo el recuerdo a través de sus objetos, y de las confesiones sobre el papel en blanco.  Se pregunta: “nunca sabré si abrazado a un recuerdo me llevaste contigo…” O este otro “He intentado decidir que no existes/y no puedo./ Sigues vivo dentro de mi”
Julia buscando el consentimiento del amigo que ya no está en el mundo de los vivos, le confiesa que va a cambiar de aires.
Los vientos empujan a Julia Guerra lejos, hacia otros mares, hacia otras tierras que necesitan de su fuerza norteña, de su sensibilidad de poeta, de su entereza de mujer comprometida. 
De este modo entabla una complicidad con el viento del sur, pero sin olvidar las brumas del norte.
De manera muy sutil  entramos en su poemario DOS ORILLAS y dice en uno de sus versos: “Dejé la niebla con olor a silencio…”
Aquí, en el sur, encuentra un terreno fértil para trabajarlo. Ha encontrado un sitio donde sentirse útil. Ha descubierto el drama que encierran las aguas del Estrecho y quiere aportar su ayuda como sea. ¡Cuánto le hubiese gustado compartir con su amigo estas vivencias! Por eso, quizá escribió en el poema ULTIMO SECRETO “Hoy te añoro en el sur/donde busco mi norte”.
Más adelante, pero estando otra vez dentro del poemario AL VIENTO escribe: “Ya no puedo contarte/ mis andanzas de mujer en la brecha/. Ni confesarte en secreto/ que estoy enamorándome.”
Aquí su vida da un giro y siente el amor de su amigo animándola a través de la materia de la propia naturaleza. En este punto crucial de los dos poemarios ella se siente al fin libre y resignada sin temores ni pesares que hunden el alma. Para comprenderlo sería conveniente leer entero el poema NO ME OLVIDES  y luego como dice en EL ULTIMO VIAJE  ..”mi objetivo es tu luz” Ella al fin se da cuenta que las cosas son como son.
El espíritu rebelde de Julia Guerra empieza a dar señales de vida antes de terminar Al VIENTO  y se va difuminando y adentrándose en DOS ORILLAS sin a penas darse cuenta.  Aquí poco a poco Julia entra en la mar. Una mar revuelta de sentimientos, de impotencias, de injusticias…
La poeta comparte la tristeza de las olas. Su alma vuelve a romperse con el llanto del Estrecho, la muerte, la miseria , la esperanza… Se alza en guerra contra el mundo como podemos ver en su poema VERDUGOS INTERNACIONALES. También recrimina y echa en cara al pueblo su pasividad en PLAZA ALTA.
Todavía retumba en mis oídos su voz en Tarifa recitando PIDO LA PAZ Y LA PALABRA que me pareció todo un himno, de una Julia combativa, como me cuentan que era.  Y aquí acaba lo último conocido que ella escribió. Aquí termina una vida llena de inquietudes y nos deja huecos vacíos que no podemos llenar porque no poseemos la materia que ella tenía. En estos dos poemarios ella se confiesa y comparte con nosotros los sentimientos suyos que siempre ondearan entre LA MAR Y EL VIENTO.
 Carmen Sánchez Melgar, para el Instituto de Estudios Campogibraltareños

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